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sábado, 4 de junio de 2011

El corte de digestión no existe.


A veces es muy difícil deshacerse de algunos tópicos que a fuerza de repetición acaban por perdurar a pesar de ser equivocados, como ocurre con el famoso "Corte de Digestión". ¿Quién no recuerda las aburridas horas de espera "para hacer la digestión" después de comer cuando éramos niños?.

Sin ir más lejos, esta misma semana dos periódicos publican sendas noticias cuyo titular incluye éste término como causa del ahogamiento: El Mundo y El Períodico de Aragón, aunque éste último incluye en el texto de la noticia una sucinta explicación: "...la muerte pudo deberse, muy posiblemente, a una hidrocución, familiarmente conocido como corte de digestión. Un shock provocado por la brusca diferencia de temperatura que se produce entre el calor que tiene un cuerpo que ha tomado el sol y el frío del agua. Y se caracteriza por un mareo que hace a la víctima hundirse rápidamente. De hecho, ayer fue un día muy caluroso en la zona.".

Una de las posibles explicaciones de que exista esta denominación es que no es infrecuente que una persona que sufre un ahogamiento tenga vómitos. Aunque la causa está casi siempre en que la víctima ha tragado una gran cantidad de líquido o que las maniobras de reanimación si no se realzian correctamente pueden provocarlo y no en que la digestión haya sido la causante del ahogamiento, contemplar los vómitos de un ahogado es siempre un suceso impactante en un contexto dramático, no es de extrañar que el nombre se haya popularizado y adquirido fuerza con la costumbre de repetirlo.

Aunque hay quienes, como el Dr. Fermin Mearin, especialista en Aparato Digestivo, sistemáticamente contestan a estos titulares, no es menos cierto que la explicación, o no se publica, o se hace de manera que pasa desapercibida frente a un titular con discutible gancho periodístico o simple morbo. Si bien es cierto que cada vez los casos son más esporádicos y que buscando en periódicos como El País, por ejemplo, no he encontrado que se utilice esta expresión, me parece adecuado volver a ofrecer la explicación de porqué se produce este fenómeno.

El Síncope de Hidrocución.


En general, se denomina "Síncope" a un proceso en el que debido a una falta o disminución momentánea del riego sanguíneo al cerebro se produce una pérdida parcial o total de consciencia. En el "Síncope de Hidrocución" se produce este mismo proceso al introducirse en el agua, con el resultado de que la persona no puede reaccionar y fallece por asfixia al quedar sumergida sus vías respiratorias. Lo que diferencia a la asfixia por sumersión de otras amenazas vitales (como una parada cardíaca en la calle o un accidente de tráfico, por ejemplo) es su inmediatez: si no se interviene antes de 5 minutos casi el 90% de las víctimas fallecerán o quedarán con secuelas neurológicas permanentes y esa es la principal razón de la existencia de Socorristas en playas y piscinas.


Hay dos procesos fisiológicos que son normales y que pueden combinarse para provocar un Síncope de Hidrocución, dependiendo de determinadas circunstancias.
El primer proceso normal es el llamado Reflejo de Inmersión. Cuando se sumerge la cara y la cabeza, disminuye la frecuencia cardiaca y se produce la contracción de los vasos más superficiales de la piel, un mecanismo de protección para que el cerebro tenga un aporte preferencial de sangre, este reflejo es más evidente en los niños y de hecho se han informado de casos de muerte súbita en niños por un reflejo extremo que provoca parada cardíaca. Además, la diferencia entre la temperatura corporal y la del agua favorece el reflejo de inmersión de modo que cuanto mayor sea aquella, mayor será éste, puesto que otra de sus finalidades es conservar la temperatura corporal ya que al contraer los vasos sanguíneos de la piel, disminuye la pérdida de calor corporal.

El segundo proceso normal es el proceso digestivo, que no sólo se produce en el estómago, sino que implica a todo el tracto digestivo y por tanto puede durar varias horas. Requiere un gran aporte sanguíneo por lo que los vasos sanguíneos de estómago e intestino se dilatan, lo que va en detrimento del aporte sanguíneo de otras partes del cuerpo, incluido el cerebro, de ahí que tras las comidas, en especial las copiosas, sintamos somnolencia.

Si ambos procesos se combinan, y además se ven favorecidos por otros factores, como una alta temperatura corporal, (por ejemplo, por haber permanecido largo tiempo al sol, haber realizado ejercicio físico); o el sumergirse en el agua de forma brusca, (zambulléndose, tirándose de cabeza o porque caemos o somos empujados), la persona sufre un Síncope de Hidrocución, ya que el cerebro no recibe suficiente riego sanguíneo sufriendo una pérdida de conocimiento de forma más o menos brusca que impide reaccionar ante la sumersión, lo que provoca la asfixia y la muerte por falta de oxígeno. Los niños y las personas mayores son especialmente sensibles a este riesgo.

Aunque el pronóstico de las víctimas de una hidrocución es similar al de una parada cardíaca fuera del agua, hemos de tener en cuenta que este tipo de víctimas es de difícil detección, incluso para un Socorrista experimentado y adecuadamente adiestrado que conoce este proceso y está alerta ante los signos que indican que una persona puede estar en riesgo de sufrirlo. La víctima no hace ruido, se queda inmovila en el agua o apenas se mueve y queda entre dos aguas o en el fondo, lo que hace aún más diíficil su localización.

¿Qué podemos hacer?.

La buena noticia es que la Hidrocución es fácilmente evitable. Los Socorristas están especialmente adiestrados para detectar las personas en riesgo y hacer una labor de prevención, aconsejando la conducta correcta para evitarla que consiste en no tirarse al agua de forma brusca, ducharse previamente para rebajar la temperatura corporal y, en general, no bañarse ni hacer una actividad física intensa (tanto fuera como dentro del agua) hasta que no pase un espacio de tiempo despues de las comidas.

¿Cuánto tiempo?. Dependerá de la cantidad y el tipo de alimento que hayamos ingerido. Un ejemplo: ¿cuáles son los consejos respecto a la alimentación cuando se va a correr?, apliquemos el mismo tipo de sentido común, que será siempre nuestro mejor consejero; vigilemos a los niños y hagamos que sigan todas las medidas de autoprotección en relación al agua.

En caso de duda, pregunta al Socorrista, no te dirá cuanto tiempo tienes que esperar por el bocadillo de tortilla que acabas de comerte, pero sí te aconsejará y te recordará las medidas de prevención.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Ponte música y sal a correr.

El viernes tuve el privilegio de participar como invitado a la Mesa Redonda del II Encuentro de Emprendedores patrocinado por Caja Segovia y organizado con tanto interés y cariño por Lola Romero, una persona indispensable su apoyo a los emprendedores segovianos durante los últimos años. Resultó emocionante ver a tantas personas explicar sus proyectos con tanta energía y pasión hablando de sus negocios y la mesa redonda sirvió quizá para que los invitados recopilásemos nuestras experiencias en torno al emprendimiento. Me parece interesante recoger el pequeño resumen que había preparado, y que se enriqueció enormemente con las aportaciones de mis compañeros de mesa, en la idea de que sea una ayuda para quien se está planteando iniciar un negocio propio o ya lo ha iniciado.


A mi modo de ver, lo primero que un aspirante a emprendedor debe hacer es un ejercicio de introspección y averiguar si tenemos el cuajo suficiente para abordar todo lo que supone montar un negocio propio y si estamos dispuestos a asumir todo lo que ello implica. María Coco apuntaba la importancia de haber vivido en una familia de emprendedores y también que hay caracteres que de por si son emprendedores, aunque también se puede aprender a ser emprendedor. Según eres como persona es el mejor termómetro de cómo serás como emprendedor. Si no lo sientes, no pasa nada, puede que tu seas mejor en otras funciones y las empresas están deseosas de contar con "emprendedores internos", y cada vez más valoran a personas con iniciativa y empuje.

En segundo lugar, buscar apoyos y utilizar todos los recursos de ayuda y asesoramiento disponibles; integrarse en las redes de apoyo al emprendedor y en grupos de emprendedores, insistir, preguntar y exprimir al máximo todas las opciones y facilidades que podamos obtener. Asistir a cursos de emprendedores que nos ayuden a afinar nuestra idea de negocio, crear nuestro plan de empresa y a analizar los aspectos que se nos escapan. Controlar el gasto, utilizar tácticas de “economía de guerra” y utilizar sólo los recursos que sean necesarios, creando estructuras que puedan redimensionarse con facilidad.

Todo ello nos ayudará a crecer como emprendedores y empresarios, descubriendo los puntos en que necesitamos mejorar y trabajándolos de forma activa, convertirnos en profesionales y posibilitando que podamos crear una base sólida, rodeándonos de personas valiosas que nos complementen y enriquezcan. Es interesante que todos los emprendedores que formaban la mesa redonda empezaron un negocio en singular y ahora, poco tiempo después, casi todos cuentan con empleados que forman parte del valor de su empresa.

Centrarse en el corazón de la idea de negocio. A veces es difícil de adivinar con certeza antes de arrancar si estamos acertados al respecto, pero en cuanto se inicie lo descubriremos con facilidad y podremos reorientarla o afianzarla. Innovar, mirar hacia delante y ser valiente con los pies en el suelo. Los emprendedores que arrancan en Segovia lo hacen pensando en desarrollar su negocio aquí, pero la realidad es que casi todos acaban encontrando negocio (y la mayoría de las veces, muchísimo más) fuera de Segovia. Audacia Comunicación, Iberzal.com o la Alquería de Segovia relataban la dificultad de abrirse camino y lograr la suficiente confianza para lograr encargos, precisamente de aquellos por los que el emprendedor está apostando, los propios segovianos. Se hace muy duro romper las barreras de entrada cuando además concurre la desconfianza en la capacidad del emprendedor.

Por ello es tan importante que entre los emprendedores de Segovia se haya creado una red, aunque todavía sólo ligeramente tejida. Es muy probable que tu primer cliente sea el emprendedor de al lado porque será el que sí que confiarán en tu proyecto, porque te entiende y su apoyo es, al tiempo, un apoyo para él mismo. Angel Luis Llorente utilizó el término “co-competencia” refiriéndose a que trabajar de modo conjunto en determinados proyectos es una manera de enriquecer a las dos partes y posibilitar que ambos sobrevivan en tiempos difíciles.

Plantearse que el futuro empieza hoy mismo y que obtener beneficios a corto plazo, sin el horizonte de varios años que predican en los cursos de emprendedores es otro excelente consejo de los emprendedores más avezados, ¿porqué no obtener beneficios el primer año?. También hay que tener muy claro cual es el punto de no retorno donde debemos crecer y cómo lo haremos. Más que pensar en un horizonte cercano, poner la vista en dónde queremos estar, por ejemplo, dentro de cinco años, y marcarnos unos hitos claros que nos vayan ayudando a conseguir nuestra visión de futuro desde el primer día.

Más difícil es saber qué marca el momento de abandonar. Cristina Torres explicaba que experiencia de La Linterna de Segovia nunca la había considerado como un fracaso, simplemente supo que era el momento de dejarlo y emplear el esfuerzo en otra cosa. Cuando los números no cuadran puede que sea fácil decidir, pero ¿y cuando la idea ya no te llena o el camino se ha desviado demasiado de la primera visión?. No son pocos los empresarios que, años después, con una posición consolidada, vuelven a retomar su primera visión, su proyecto primario.

A pesar de que siempre insisto en que no hay recetas milagrosas, ésta sí es una en la que todos coincidimos tanto en su eficacia como en que debe usarse a menudo, y que resumo con un consejo que citaba Iñaki Berzal: “cuando tengas que pensar, ponte música y sal a correr”. Los que me siguen en este blog saben que el dedicar tiempo de calidad para pensar es algo en lo que insisto a menudo y los estudiosos del cerebro saben que cuando uno se distrae haciendo cosas que le gustan o le relajan, como puede ser el correr, nadar, leer, ver una película o dar un paseo con los tuyos, facilita que los procesos mentales inconscientes trabajen y den paso a que la intuición nos ayude a abordar con éxito los retos.

Por último, contar con el espacio personal. El emprendedor, decía Iñaki, no es libre, está preso de su idea y ello puede convertirse en un lastre personal inasumible. La vida sigue adelante mientras luchamos por nuestro negocio y tenemos amigos, familia, parejas, hijos. No quiero dejar de añadir que, además de las dificultades, por desgracia muy reales que las mujeres tienen a la hora de emprender y como hombre, creo que no soy capaz de apreciar en su totalidad lo que supone el largo proceso de ser madre y empresaria y siempre me siento estimulado por la energía que despliegan a pesar de todo, o quizá debería decir precisamente por el hecho de serlo. Nuestra vida personal es la base que sustenta nuestro equilibrio como persona y como emprendedor y no puede sustituirse por nada.

martes, 13 de julio de 2010

La Roja destiñe y el beso de Casillas.

Ayer estaba mi vecina tendiendo la colada y me fijé en que las prendas más claras tenían un cierto tono rosa. "Es que mi marido metió anoche la camiseta de la Roja en la lavadora y ha desteñido", me dijo. "Ya ves, hasta la ropa se ha contagiado de la euforia del Mundial", añadió sonriente.

La verdad es que hay una sensación general de que ya nos hacía falta algo que nos elevara la moral y pudiéramos hablar algo más allá del "que mal está todo ¿verdad?", que intercalamos en casi todas las conversaciones desde hace ni se sabe, que ni siquiera la meteorología tan proclive a comentarios que estamos teniendo últimamente nos vale ya de muletilla. Estos días, entre las repeticiones de los momentos del partido, el antes, el después, la llegada de la Selección y demás titulares, se intercalaban los comentarios sobre si la economía mejoraría o el PIB subiría el 0,7 por mil.

Soy simplemente escéptico acerca de los efectos reales que este acontecimiento tendrá en la economía o las cifras del paro o de su repercusión sobre la política española y los conflictos autonómicos. ¿Influirá algo?. Seguramente, porque como muy bien saben los de marketing, la selección es un gancho publicitario de inigualable valía. Además del efecto puntual y el aumento de ventas en determinados negocios, ha habido y habrá campañas, promociones y patrocinios; algunas empresas que así lo publicitaron nos devolverán el importe gastado (ojo a los detalles, pero algo es algo) y habrá una parte del movimiento de negocio que sin duda se aprovechará del tirón e intentará mantener el momento angular de esta sana euforia.

Sin embargo, yo apuesto que el efecto más importante y duradero va a ser lo que un amigo definió acertadamente el domingo como el chute emocional. La inteligente campaña de Cuatro TV "Podemos" es un ejemplo de utilización inteligente en forma de motivación colectiva que no apela a los bajos instintos de la furia española (que además hace referencia a un episodio histórico bastante poco edificante) sino al trabajo de un grupo trabajador, cohesionado, y seguro de sí mismo que, ante la adversidad, tiene la virtud de persistir. Y que se muestran naturales y dejan ver ese lado personal, que es capaz de conectar emocionalmente por igual a mujeres y hombres como el espontáneo beso de Casillas.

La imagen de España en el mundo (y también dentro de España) ha sufrido inevitablemente un importante cambio. De pronto todo el mundo se ha dado cuenta de que hay españoles en la primera línea de casi todo, además del deporte: ciencia, negocios, empresas, instituciones... No sólo la imagen de España va a subir muchos enteros, además se actualizará esa foto fija de sol, playa y pandereta, por la de de una nación moderna que lucha por estar en los puestos de cabeza saliendo de la crisis. De pronto las camisetas rojas que se han visto por todo el mundo empezarán a teñir de rojo muchas coladas y no sólo será en las casas. El campeonato del mundo tiene que darnos pie para aprovechar una oportunidad única que no debemos dejar pasar de ninguna manera para la promoción de España, sus empresas, su oferta de negocios y su capacidad para reinventarse y posicionarse en el mundo en un lugar que nos ganemos a pulso.

En muchas ocasiones me he referido a los cambios y a la capacidad de innovación como motor del crecimiento empresarial. Y también a que el motor empresarial no funciona sin que haya quien lo arranque, lo mantenga en marcha y cuide de que esté en perfecto orden de funcionamiento y que una de las partes más importantes son las personas y su relación con la cultura empresarial. Creo que todos querríamos que nuestra empresa funcionase como lo ha hecho la selección para todas, absolutamente todas las personas que la componen.

Claro que podemos. Y el excepcional grupo de personas jóvenes, dirigidos por un cincuentón experimentado y respaldados por todo el grupo de trabajo, han sido capaces de dar la imagen de lo que debe ser nuestro objetivo: convertir nuestras organizaciones en un conglomerado heterogéneo que coopera, trabaja en grupo, en dónde la creatividad personal enriquece a todos y en el que el resultado del conjunto está por encima de las individualidades.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Competir sin dopaje.


Por mi relación con la actividad física y como deportista -de bajo nivel, que dice un amigo- siempre he estado en contra del dopaje y las ayudas ilegales y me entristecen noticias como la Operación Grial que muestran que todavía hay quien las promueve y el hecho de que para un deportista que quiera trascender sus logros y la mezcla de pulsión personal e intereses deportivos o económicos, pueda ser tan fuerte que le lleve a utilizarlas, siguiendo consejos envenenados y, obviamente, sumar al riesgo de daño personal el de ser cazado, antes que asumir sus límites.

Muchas empresas han hecho algo similar y han incrementado sus músculos, su negocio o sus márgenes artificialmente aprovechando oportunidades basadas en lo que podríamos calificar como "anabolizantes" económicos. La crisis, en este caso, ha actuado como un filtro "antidopaje", que está cazando de manera inmisericorde a quienes se aprovecharon y dependían de ellos. Hemos aprendido duramente el riesgo que conlleva crecer únicamente en base a movilizar recursos, sin mejorar las bases sobre las que se asienta nuestro negocio, de la misma manera que el atleta que confía en el dopaje antes que en el entrenamiento duro y diario.

Hay que seguir insistiendo en que es absolutamente necesario mejorar la productividad e introducir la innovación como las principales vías para lograr incrementar la competitividad empresarial. Y cuando expongo estos argumentos en las empresas que visito, mayoritariamente Pymes, surgen inevitablemente dos preguntas: ¿Porqué? y ¿Cómo?.

El impacto de la crisis es múltiple. Por un lado, la caída de negocio impulsa políticas de recorte de costes, lo cual es acertado, aunque suele causar que también se reduzca el presupuesto disponible para innovar. Pero al tiempo, y esta es la parte que no suele hacerse, debe abrirse una fase de estudio en la que averiguar dónde, porqué y cómo se está resintiendo nuestro modelo de negocio. Y sólo cuando hayamos hecho ese análisis podremos empezar a reestructurar e incluso reinventar nuestra empresa para que, incrementando su competitividad, siga adelante. Y aquí entra en juego el mecanismo que lo hace posible: la innovación.

Una innovación es cualquier cambio que produce valor. Art Fry, creador de las famosas notas Post-It, afirmaba que "una idea nunca será una innovación hasta que no esté ampliamente adoptada e incorporada a la vida diaria". La capacidad de innovar es un recurso más de la empresa y debemos gestionarla de manera eficiente y tan rigurosamente como los recursos financieros.

A menudo las empresas de un cierto tamaño recurren a incorporar innovaciones generadas por otros, pequeñas empresas, emprendedores o start-up, de hecho parece haber una corriente mediante la cual las innovaciones realmente radicales se producen en las pequeñas empresas para después migrar hacia las grandes. Esta innovación subcontratada engorda artificialmente el músculo empresarial, de la misma manera que el dopaje incrementa el rendimiento de un atleta, es decir, sin aportar valor añadido porque el "estado general" apenas obtiene mejoras duraderas.

La productividad por si misma no es generadora de empleo a corto plazo, pero el que crea es más sostenible y, sobre todo, más duradero. Decantarse por la I+D+I, implica apostar fuerte por nuestro capital humano, su formación y proyección y por la creación de una cultura empresarial innovadora como resultado de todo ello, sin olvidar que esta apuesta tiene que ser recíproca y también exige a los trabajadores asumir retos en su crecimiento personal y profesional.

Mantener una cultura innovadora dentro de nuestra empresa potencia la competitividad y ello es debido a que:
1 - Innovar es más que crear nuevos productos.
También se aplica a nuevos servicios; a cómo los vendemos y distribuimos; a cómo los presentamos a nuestros clientes o a la manera en que orientamos los ya existentes para satisfacer otras necesidades.

 2 - Innovar es más que desarrollo tecnológico.
Podemos adoptar soluciones innovadoras en estructuras organizativas, logísticas, políticas de comercialización; estrategias de producto o políticas de márketing.

 3 - Innovar es más que ideas revolucionarias.
Desde la perspectiva empresarial, tan deseables son las grandes ideas, como pequeñas innovaciones "incrementales" a lo largo de toda la cadena de procesos. De hecho la mayor parte de las empresas no buscan innovaciones espectaculares, sino soluciones rápidas a una parte específica de un conjunto mayor.

El objetivo primordial de la innovación es explotar las oportunidades que ofrecen los cambios, por tanto, hacer de la innovación una estrategia que guíe nuestro modelo de negocio posibilitará que (sin despreciar otras posibilidades) podamos implementar una cultura empresarial con un sistema de trabajo basado en enlaces en cadena, en dónde el proceso innovador es un conjunto de actividades que están interrelacionadas y ofrecen alternativas en cada parte del proceso empresarial para hacer las cosas de manera distinta a como estamos acostumbrados a hacerlas. Quizá incorporando aspectos nuevos o cambiando más o menos los existentes para conseguir hacerlos de modo más competitivo, eficiente y productivo en un entorno cada vez más árido, sin olvidarnos considerar las áreas próximas a nuestro principal negocio como territorio abonado para avances innovadores.

Del mismo modo que para un deportista, el esfuerzo y el entrenamiento diario conforman la base para mejorar sus marcas, el trabajo en equipo y la innovación son actividades imprescindibles para mantener en forma nuestra estrategia empresarial.

viernes, 21 de agosto de 2009

94 por detrás.

Cuando hay competiciones de atletismo, yo practico el sillon-bol, la modalidad deportiva más practicada en España, especialmente si hay compatriotas por el mundo jugándose los metales. El atletismo tiene el irresistible atractivo del reto personal y a quienes verdaderamente nos gusta el deporte y hemos competido, nos atrae revivir esa sensación nerviosa y excitante en la anticipación antes de la salida, la amargura del esfuerzo, la agonía del último sprint, el subidón cuando llegas a la meta bien colocado, la frustración si no lo consigues. Estos días, un impresionante Usain Bolt nos ha hecho disfrutar en los Mundiales de Atletismo de Berlín y su brillo ha eclipsado de tal manera al resto de la competición, que olvidamos que, por ejemplo, sólo en la prueba de 100 metros hombres han participado !95 atletas¡, que estrellas como Isinbaeva, se caen del cielo o que atletas esforzadas y humildes como Marta Dominguez culminan su sueño.

Todos los días, cientos, miles de empresas salimos a las series clasificatorias luchando por estar en la siguiente ronda y llegar la final, aun sabiendo que en nuestra serie, o en la siguiente, corren los mejores. Entramos a la cámara de llamadas botando, calentando los músculos, equipados con nuestro presupuesto, la oferta comercial, mirando de reojo al rival y pensando en la estrategia de una prueba que a menudo no sabemos del todo cómo va a desarrollarse.

A veces es un 100, un parpadeo, y se acabó. Otras un 3.000 obstáculos, en el que los participantes se van quedando atrás en cada valla, algunas un 10.000 que se corre a ritmo agónico con el grueso del pelotón llegando juntos a la última curva y se resuelve en los últimos 50 metros. En ocasiones se parece a un concurso de saltos o lanzamientos, dónde nos van poniendo el líston más alto cada vez y todos nos esforzamos por hacerlo mejor que el rival, no hacer nulos o saltarnos el tercer intento y arriesgarnos tratando de batir la marca personal, el récord nacional o del mundo y conseguir el contrato. Si bien la mejor satisfacción es lograr superarse, en ocasiones ni siquiera dando lo mejor logramos el objetivo.

Conseguir cerrar un negocio, poner en marcha un nuevo producto, una estrategia comercial, entrar como proveedor en un concurso, conseguir nuestras metas son logros importantes, las medallas en el pecho nos hacen sentir los mejores, atraen los aplausos y las felicitaciones.

Pero no olvidemos que mañana tenemos que seguir trabajando y que cualesquiera que sea nuestra posición en el ranking, es gracias a dos factores: nuestra preparación y esfuerzo y la presión de la competencia. En el ámbito empresarial, ambos son esenciales e influyen de modo relevante en cómo debe ser nuestro entrenamiento diario, de tal modo que trabajaremos la velocidad y la rapidez de la reacción, la resistencia, o la fuerza, empresarialmente hablando, según nos convenga.

Quizá, como los decatletas, deberíamos intentar conseguir un buen nivel de desempeño en todos los frentes empresariales que abarcamos y, además, lograr destacar en una o varias pruebas que, al final nos den los puntos necesarios para estar arriba. Quizá, como los atletas paralímpicos, deberíamos ser capaces de superar nuestras limitaciones, afrontar nuestros miedos y luchar por nuestros sueños.

Bien pensado, el lema olímpico acuñado por Coubertin: Citius, altius, fortius, (más rápido, más alto, más fuerte), también es una excelente máxima empresarial.

martes, 17 de marzo de 2009

Hacia lo más alto.

Esta vez no se anda con chiquitas y Francisco Monedero emprenderá el asalto al Everest. No se puede menos que admirar a Paco por su tesón y presencia de ánimo y por esa constancia de hormiguita que le hace conseguir que muchos pocos hagan un mucho y que la colaboración de muchos segovianos le suban a hombros, al menos hasta el campamento base.

Desde allí, mirará la cumbre la noche antes del asalto y, mientras se toma un te caliente, pensará en la emoción que sintió al coronar el Gasherbrum II; luego en los cien metros que le faltaron para el Cho Oyu, y después se dirá que la montaña sólo es esfuerzo y que cumbres mucho más difíciles ha superado en la vida, de esas que siempre se suben sin oxígeno.

Paco conoce el éxito de hacer cumbre y lo que es mejor aún, conoce bien lo que es no coronar, -que no significa fracasar, porque sólo fracasa quien no lo intenta- y estoy seguro que cuando prepare el material, y coloque cuidadosamente en la mochila las cenizas de su hermano Curro, bien arropadas entre las banderas de sus patrocinadores, sólo tendrá en la cabeza llegar arriba, para llevar a su hermano hasta lo más alto, casi, casi, al cielo mismo.

Seguro que desde allí se ve hasta Segovia, por lo menos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Correr y pensar.

Creo que mi actitud ante la situación que vivimos es positiva, pero hay un par de cosas por las que empiezo a preocuparme seriamente. En primer lugar, he advertido que varios de los que salimos a correr, han mejorado sustancialmente de modo que ahora casi soy yo el que pierdo el resuello y ellos los que van charlando. Como contrapartida, en las últimas semanas, nuestro nivel de conversación durante esos ratos ha aumentado también en gran medida y ha dado pie a que hablemos de cómo se están afrontando en las empresas algunos asuntos a primera vista poco relevantes.

De nuestras parrafadas y resoplidos saco algunas conclusiones importantes. Mis compañeros han mejorado su forma porque ahora tienen menos volumen de trabajo y pueden dedicar más tiempo, entre otras cosas, a sí mismos, a sus familias y a hacer deporte, lo cual está muy bien cuando tu jornada laboral habitual sumaba 10 ó 12 horas. Pero también, que cuando se está acostumbrado a una situación de exceso de tarea y ésta decae, empiezan a aparecer huecos en la agenda y no siempre sabemos qué hacer dentro del trabajo con ese tiempo extra.

"Me he puesto al día con los informes y el archivo, ya no voy corriendo a las reuniones, tengo la agenda perfectamente ordenada y me he apuntado a un curso que tenía ganas y nunca había tenido tiempo para hacer; pero casi todos los días tengo que estirar alguna tarea para no estar mirando", dice uno del grupo. "Pues yo poco más o menos", comentan otros.

Es evidente que hay efectos secundarios en esta situación, que sólo ahora las empresas y las personas estamos empezando a apreciar. El descenso de la cantidad de tarea a un nivel razonable, en un primer momento supone un alivio bienvenido, pero cuando baja de modo que empieza a haber tiempos muertos empieza el nerviosismo tanto por los empleados como por los responsables y la dirección. Ya se sabe, cuando el diablo no tiene que hacer...

Pregunto a mis colegas y descubro con cierta sorpresa, que en mayor o menor medida, todos parecen estar bastante conformes y ninguno se ha planteado si esto es o no un problema y, en ese caso, si hay algo que se pueda o deba hacer. Y ello es lo que realmente me preocupa. Soy de la opinión de que el espíritu emprendedor, la creatividad, la innovación o la imaginación, -llamémoslas como queramos-, son herramientas que en la empresa siempre deben estar bien engrasadas, pero en épocas de crisis, mucho más porque es cuando son imprescindibles.

Ahora es el momento de emplear el tiempo extra en reflexionar, estudiando y analizando nuestra empresa, el sector dónde nos movemos, qué hace nuestra competencia o qué quieren nuestros clientes, para obtener pistas y pautas que nos ayuden a plantear estrategias y soluciones para salir adelante. ¿Cuántas veces hemos dejado de lado un proyecto interesante porque no teníamos tiempo de desarrollarlo?. Es tiempo de retomar esas ideas que nos rondan la cabeza y que nunca hemos llevado a cabo. Un pequeño cambio en la organización; una mejora en un proceso de trabajo; esa idea para una nueva campaña.

Dentro de una empresa hay muchas cosas, pequeñas o grandes, que no se abordan, que no nos replanteamos porque como de momento se van manteniendo y no se tiene tiempo, van quedándose sin hacer. No vamos a tener mejor ocasión para ponernos manos a la obra, empezando por aquellas tareas que nos van a aportar mejoras en los procesos y valor añadido frente a nuestros Clientes y la competencia y que no suponen hacer inversiones o grandes desembolsos: Actualizar la página web; renovar las tarifas y catálogos; enviar encuestas a los Clientes y sobre todo trabajar en la mejora de nuestros activos humanos; es el momento de trabajar la formación en ventas, en productos, en estrategias comerciales, algo que se puede hacer aprovechando el “know-how” de nuestro propio personal, poniendo en común y planteando acciones comerciales y de apertura de nuevos mercados.

Seguramente seremos los primeros sorprendidos de las opciones que se nos pueden abrir. Por otro lado, es seguro que muchas de las personas que ahora no tienen trabajo se estarán planteando llevar a cabo iniciativas empresariales como alternativa a un largo tiempo de inactividad. La experiencia nos dice que la mayor parte de las “Start-up” nacen en tiempos de crisis o cuando las oportunidades de empleo por cuenta ajena disminuyen. La Web 2.0 y los desarrollos tecnológicos son el campo más evidente, pero muchas de las personas, profesionales excelentes, que han perdido sus trabajos, estarán considerando muy seriamente hacer por su cuenta esa idea que no se llevó a cabo o intentarán captar esa parte del mercado empleando su experiencia, contactos profesionales y explotando ideas novedosas que no tuvieron ocasión de poner en práctica y ahora sí tienen tiempo de considerarlas seriamente, además, como una opción de futuro empresarial.

No me cabe duda que una parte importante del remonte de la crisis vendrá de la mano de aquellos innovadores, que emplean una parte del tiempo que han recuperado en pensar -y correr-.

sábado, 31 de enero de 2009

Recobrar el resuello


He salido a correr por mi circuito habitual y a medio camino un amago de lluvia finita ha empezado a caer, refrescándome la cara y las piernas. Me ha sentado tan bien que he subido corriendo la última cuesta que siempre hago andando, y he entrado en casa eufórico para contarlo, pero sin resuello. “¿Qué tal?”, pregunta mi mujer. “¡Huy, cómo vienes hoy!”, exclama al verme boquear, apoyado en la pared de la entrada. Apenas puedo hablar; mi hijo mayor me mira y me dice: “Anda, vete a duchar, que ya va a estar la cena”. “Papá hoy viene matado, como siempre”, apostilla el pequeño con una sonrisa de oreja a oreja. “¿Cuánto has corrido?”.

Tengo ganas de contarlo, pero todavía resoplo y siento que la euforia se disipa. “No sé, lo de siempre”, contesto entre dos boqueadas, mientras me esfumo hacia la habitación. Me quito la ropa y mientras me ducho, pienso que claro que lo sé, para eso llevo el pulsómetro (el desfibrilador, como dice mi cuñada) el cronómetro y hoy hasta he salido cargando con el GPS que le he pedido a mi hermano, que es un cacharro enorme, porque quería saber qué distancia tiene el recorrido.

Sé que he estado 32’ 22” entre 125 y 165 pulsaciones; 3’ 24” a más de 165 y 2’ 10” a menos de 125, una media de 154 pulsaciones y una máxima de 184. Que en total he corrido durante 37 minutos y 56 segundos y he estado parado 1 minuto y 38 segundos, porque siempre me paro a beber agua de la misma fuente y aprovecho para recuperar un poco. Sé que he corrido 6254 metros y que esta maldita fascitis del pie izquierdo no deja de molestarme. Y además lo apunto en una hoja de Excel que, al final, apenas me sirve más que para saber cuánto tiempo hace desde la última vez que salí a correr o a nadar.

Después de cenar, mientras hago unos estiramientos, pienso esto no puede ser, que la próxima vez que se me ocurra subir corriendo la cuesta, tengo que recobrar el resuello antes de entrar en casa.