jueves, 17 de diciembre de 2009

Cambiar de aires.



Mucho se está debatiendo sobre la intención del Ministerio de Sanidad de reformar la ley antitabaco, prohibiéndolo en todos los lugares cerrados, una simple búsqueda en Google nos dará una idea de cuán enconada es la polémica y de los variados argumentos que se están esgrimiendo. La sociedad segoviana no es ajena a este debate; incluso El Adelantado le ha dedicado una de sus encuestas.

No es mi intención insistir en los efectos que el tabaco causa, no solo en la salud, sino globalmente, (sugiero consultar el exhaustivo informe de la OMS al respecto). Tampoco minimizar la repercusión que la ley vigente desde hace dos años ha tenido en los sectores que se sienten más perjudicados, principalmente el hostelero, o entrar en las diferentes interpretaciones que, política de por medio, se han hecho a través de los reglamentos autonómicos. En realidad, creo que lo único eficaz en este momento es centrar el debate en sus justos términos y analizar sin animadversiones cuáles son los puntos sobre los que hay que centrar la discusión.

¿Cuál es el problema?. En breve no se podrá fumar en ningún espacio público cerrado; además está en estudio si la venta de tabaco seguirá permitiéndose en bares y similares.
¿Qué repercusión está teniendo la ley actual?. Según un estudio de la OCU, casi el 90% de los establecimientos permiten fumar y según el sector hostelero la prohibición acarreará, caída de empleo y pérdidas millonarias, incluyendo las inversiones realizadas en adaptación de instalaciones.

Basémonos, lo más posible, en datos objetivos. Las interpretaciones sobre la repercusión económica de la ley en España están mediatizadas por que la norma en la práctica no supone prohibición y, todavía más, por la crisis, y no podemos tomarlas de modo concluyente. Sí que podemos obtener datos de otros países europeos en dónde la prohibición total lleva ya varios años, y dónde las cifras muestran que, a pesar de la crisis, la hostelería ha ganado clientela, en algunos casos, con cifras en torno al 10%. Además, otras fuentes, como el excelente informe realizado por el CNPT, evidencian que la prohibición generará beneficios adicionales y reducción de costes en aspectos menos obvios pero igualmente importantes, como por ejemplo la disminución de las bajas laborales por la mejora en la salud de los trabajadores y causará en general una mejor percepción de los establecimientos hosteleros que verán aumentado su atractivo. Por último, y sin menospreciarlas, relativiza la cuantía de las inversiones dedicadas a la adaptación de establecimientos.

Así las cosas, parece evidente que hemos de centrar el debate en cómo hacer del cumplimiento normativo una oportunidad, empleando las exigencias normativas como un elemento impulsor y no como una rémora. Además, debemos intentar ver más allá de la simple prohibición y atisbar qué ventajas nos puede proporcionar cumplir una futura ley que prohiba fumar, no en sus mínimos, sino intentando ir un paso por delante y aprovechar para ofrecer a nuestros clientes ventajas adicionales que reviertan directa e indirectamente en una ganancia de atractivo de nuestros negocios y consecuentemente de nuestros beneficios.

Podemos establecer un paralelismo con los temas medioambientales y comprobar cómo el cumplimiento de sus -muy estrictas- normas desde una postura de convencimiento proactivo ha sido una oportunidad de nuevos negocios, incremento de ingresos y beneficios -tangibles e intangibles-, para las empresas que han apostado por hacer de la obligación una oportunidad, además de la repercusión positiva para con el entorno. Cumplir las exigencias, incluso antes de su entrada en vigor proporciona además una posición de privilegio e influencia frente al regulador. Y para quienes no lo hacen, una fuente de problemas y pérdida de competitividad.

En mi opinión, la solución es obvia: promover un acuerdo consensuado de todo el sector hostelero para declarar a Segovia como baluarte del “aire limpio” y que todos nos impliquemos, individual y colectivamente, en promover que Segovia sea la primera provincia de España en adoptarlo, incluso antes de su entrada en vigor. Un excelente concepto para promocionar Segovia puede basarse en que el único humo que encontremos aquí sea el aroma que desprende un buen plato de judiones, un cuarto de asado o la acogedora chimenea de una casa rural.

Para que una iniciativa de este tipo tenga impacto y sea exitosa es fundamental tener en cuenta lo siguiente:
  • Ser los primeros en implementarla, convirtiéndose en sus líderes. Sólo el primero podrá aprovechar plenamente los efectos positivos; ser los segundos no servirá de nada.
  • Hacerlo desde el consenso y el convencimiento positivo de sus ventajas y el valor añadido que nos aportan, individual y colectivamente.
  • Ser proactivos e ir por delante de la norma, ofreciendo ventajas y atractivos adicionales que, además, nos permitirán generar nuevas oportunidades de negocio.
  • Promover acciones paralelas (reuniones técnicas, jornadas sobre turismo limpio y sostenible, etc.) que promuevan y consoliden la posición de liderazgo de Segovia en innovación turística y hostelería.
  • Implementar una campaña promocional basada en las ventajas que los clientes obtendrán de los espacios de “aire limpio” relacionadas con Segovia, utilizando recursos del marketing experiencial.
Más allá de las primeras reacciónes, en la capacidad de analizar, ver y entender lo que los consumidores desean e imaginar nuevas maneras de satisfacer esas demandas, está el reto de convertirlas en fuente de nuevos modelos de negocio e ingresos. Tenemos hoy una oportunidad única de incorporar un elemento de incalculable valor añadido al conjunto de nuestro sector turístico como un impulso que puede incrementar de forma muy importante nuestro ya alto poder de atracción. Que la hostelería segoviana se erija en abanderada de los establecimientos saludables en el ámbito nacional puede convertir el aire limpio de nuestros bares y restaurantes en un elemento de promoción inigualable asociado a Segovia.

Y, no lo olvidemos, los primeros beneficiados seremos los propios segovianos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Canciones para un acuerdo.


Una de mis principales aficiones es leer y aunque confieso que la literatura de ciencia ficción dura es mi debilidad, me gusta leer de todo y las últimas dos semanas he estado -por culpa de Prudencio Herrero-, totalmente enganchado leyendo Las trampas del deseo (Predictable irracional, predictiblemente irracionales, es su título original) de Dan Ariely; tanto que he tenido abandonado el blog. Además de conectar de inmediato porque emplea un estilo informal y divertido, pero totalmente riguroso, al contar sus experiencias, tiene la enorme virtud de hacer fácilmente evidente por qué nos comportamos de determinada manera en situaciones que la lógica, o la emoción, aparentemente dictarían otra cosa.

Y al respecto, me viene a colación algo que vuelve cíclicamente a primer plano de la actualidad, un tema tan peliagudo como la reforma laboral que tiene también una extraña mezcla de lógica y emociones. ¿Qué piden los empresarios?. ¿Qué reclaman los sindicatos y trabajadores?. ¿Cuál es la posición del gobierno?. Independientemente de las reivindicaciones concretas, y aunque a primera vista se tenga la impresión de que las posiciones son tan radicales que parecen irreconciliables, si se analizan teniendo en cuenta algunos de los conceptos que trata Ariely, puede que ello nos ayude a arrojar luz sobre los comportamientos y posiciones de las partes y cómo poder encontrar puntos de acuerdo.

Uno de esos conceptos, tan obvio que casi nunca lo percibimos, es la relación entre las normas sociales y las mercantiles, que Ariely lo explica con ejemplos tan cotidianos como ilustrativos: si tu vecino te pide ayuda para recolocar un sofá en su casa lo harás con sumo gusto (rige la norma social), pero en cambio, si te ofrece un pequeño pago por ello (rige la norma mercantil), te sentirás ofendido o simplemente rechazarás hacerlo, a menos que la cantidad ofrecida sea “mercantilmente justa”, con lo que se convertiría ya en relación mercantil, es decir, en un trabajo.

Si lo traducimos al entorno empresarial, vemos que las empresas quieren cada vez más que sus empleados se “sientan” parte de la empresa, pero contradictoriamente, siguen empleando con ellos relaciones de índole “mercantil”. Desde el punto de vista del trabajador, puede que el dinero o las compensaciones monetarias le motiven de manera inmediata, pero son las consideraciones sociales las que marcan la diferencia a largo plazo. Si ambos parecen desear lo mismo, ¿qué impide el acuerdo?.

En lugar de centrar la atención en los salarios, la jornada, la competitividad, la productividad o el despido, sería mucho más efectivo trabajar de modo conjunto para crear un sentimiento generalizado que promueva el interés en tener un objetivo, una misión y el orgullo y la satisfacción por el hecho de trabajar, sin olvidar, por supuesto, llegar a un buen acuerdo en los aspectos "mercantiles".

Pero no olvidemos que ello costará más trabajo y supondrá implicación para todas las partes. En lugar de utilizar el recurso fácil del recorte de plantilla para solventar las apreturas, el empresario debe buscar fórmulas alternativas que no supongan despidos y los empleados deben esforzarse por participar en la búsqueda de esas alternativas y contribuir de modo proactivo a hacerlas posibles. Pensemos en el ejemplo del sofá y nos daremos cuenta de que la forma más costosa de motivar a las personas es mediante el dinero, puesto que entonces sólo se moverán por él y también en que uno de los efectos perniciosos del dinero es que ahuyenta la relación social. Can´t buy me love, cantaron los Beatles, el dinero no me puede comprar, por que la lealtad es algo que se regala libremente, clama el trabajador. Somebody to love, contestó Queen, ¿puedes encontrarme alguien para amar?, parece cantar el empresario que lucha duramente por levantar su negocio.

Para que esto tenga éxito hay que tener en cuenta que ninguno de los implicados puede jugar con las dos barajas al tiempo. Si las empresas y los empleados quieren beneficiarse mutuamente de las ventajas de establecer un clima de relación social dentro de la empresa, ambas partes tienen que esforzarse seriamente por promover y reforzar estas relaciones, por encima de la relación económica que subyace y en lograr que esta parte se implemente y sea efectiva, el regulador también tiene un papel clave. Estoy seguro de que tener esto muy presente puede cambiar la manera de abordar unos acuerdos sociales tan necesarios como trascendentales.




jueves, 26 de noviembre de 2009

Competir sin dopaje.


Por mi relación con la actividad física y como deportista -de bajo nivel, que dice un amigo- siempre he estado en contra del dopaje y las ayudas ilegales y me entristecen noticias como la Operación Grial que muestran que todavía hay quien las promueve y el hecho de que para un deportista que quiera trascender sus logros y la mezcla de pulsión personal e intereses deportivos o económicos, pueda ser tan fuerte que le lleve a utilizarlas, siguiendo consejos envenenados y, obviamente, sumar al riesgo de daño personal el de ser cazado, antes que asumir sus límites.

Muchas empresas han hecho algo similar y han incrementado sus músculos, su negocio o sus márgenes artificialmente aprovechando oportunidades basadas en lo que podríamos calificar como "anabolizantes" económicos. La crisis, en este caso, ha actuado como un filtro "antidopaje", que está cazando de manera inmisericorde a quienes se aprovecharon y dependían de ellos. Hemos aprendido duramente el riesgo que conlleva crecer únicamente en base a movilizar recursos, sin mejorar las bases sobre las que se asienta nuestro negocio, de la misma manera que el atleta que confía en el dopaje antes que en el entrenamiento duro y diario.

Hay que seguir insistiendo en que es absolutamente necesario mejorar la productividad e introducir la innovación como las principales vías para lograr incrementar la competitividad empresarial. Y cuando expongo estos argumentos en las empresas que visito, mayoritariamente Pymes, surgen inevitablemente dos preguntas: ¿Porqué? y ¿Cómo?.

El impacto de la crisis es múltiple. Por un lado, la caída de negocio impulsa políticas de recorte de costes, lo cual es acertado, aunque suele causar que también se reduzca el presupuesto disponible para innovar. Pero al tiempo, y esta es la parte que no suele hacerse, debe abrirse una fase de estudio en la que averiguar dónde, porqué y cómo se está resintiendo nuestro modelo de negocio. Y sólo cuando hayamos hecho ese análisis podremos empezar a reestructurar e incluso reinventar nuestra empresa para que, incrementando su competitividad, siga adelante. Y aquí entra en juego el mecanismo que lo hace posible: la innovación.

Una innovación es cualquier cambio que produce valor. Art Fry, creador de las famosas notas Post-It, afirmaba que "una idea nunca será una innovación hasta que no esté ampliamente adoptada e incorporada a la vida diaria". La capacidad de innovar es un recurso más de la empresa y debemos gestionarla de manera eficiente y tan rigurosamente como los recursos financieros.

A menudo las empresas de un cierto tamaño recurren a incorporar innovaciones generadas por otros, pequeñas empresas, emprendedores o start-up, de hecho parece haber una corriente mediante la cual las innovaciones realmente radicales se producen en las pequeñas empresas para después migrar hacia las grandes. Esta innovación subcontratada engorda artificialmente el músculo empresarial, de la misma manera que el dopaje incrementa el rendimiento de un atleta, es decir, sin aportar valor añadido porque el "estado general" apenas obtiene mejoras duraderas.

La productividad por si misma no es generadora de empleo a corto plazo, pero el que crea es más sostenible y, sobre todo, más duradero. Decantarse por la I+D+I, implica apostar fuerte por nuestro capital humano, su formación y proyección y por la creación de una cultura empresarial innovadora como resultado de todo ello, sin olvidar que esta apuesta tiene que ser recíproca y también exige a los trabajadores asumir retos en su crecimiento personal y profesional.

Mantener una cultura innovadora dentro de nuestra empresa potencia la competitividad y ello es debido a que:
1 - Innovar es más que crear nuevos productos.
También se aplica a nuevos servicios; a cómo los vendemos y distribuimos; a cómo los presentamos a nuestros clientes o a la manera en que orientamos los ya existentes para satisfacer otras necesidades.

 2 - Innovar es más que desarrollo tecnológico.
Podemos adoptar soluciones innovadoras en estructuras organizativas, logísticas, políticas de comercialización; estrategias de producto o políticas de márketing.

 3 - Innovar es más que ideas revolucionarias.
Desde la perspectiva empresarial, tan deseables son las grandes ideas, como pequeñas innovaciones "incrementales" a lo largo de toda la cadena de procesos. De hecho la mayor parte de las empresas no buscan innovaciones espectaculares, sino soluciones rápidas a una parte específica de un conjunto mayor.

El objetivo primordial de la innovación es explotar las oportunidades que ofrecen los cambios, por tanto, hacer de la innovación una estrategia que guíe nuestro modelo de negocio posibilitará que (sin despreciar otras posibilidades) podamos implementar una cultura empresarial con un sistema de trabajo basado en enlaces en cadena, en dónde el proceso innovador es un conjunto de actividades que están interrelacionadas y ofrecen alternativas en cada parte del proceso empresarial para hacer las cosas de manera distinta a como estamos acostumbrados a hacerlas. Quizá incorporando aspectos nuevos o cambiando más o menos los existentes para conseguir hacerlos de modo más competitivo, eficiente y productivo en un entorno cada vez más árido, sin olvidarnos considerar las áreas próximas a nuestro principal negocio como territorio abonado para avances innovadores.

Del mismo modo que para un deportista, el esfuerzo y el entrenamiento diario conforman la base para mejorar sus marcas, el trabajo en equipo y la innovación son actividades imprescindibles para mantener en forma nuestra estrategia empresarial.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El pan bajo el brazo.


Me llena de alegría que Néstor Fernández con su empresa de aventura y eventos Trackter, haya sido el Premio al Joven Empresario 2009 que acaba de fallar la Asociación de Jovenes Empresarios de Castilla y León. No sólo se lo merece (con todo el respecto al resto de los candidatos y en especial al excelente proyecto empresarial de David García, de Proyecse, otro segoviano y muy meritorio finalista), además Néstor es un ejemplo de empresario innovador y corajudo que siempre ha sabido luchar por estar delante de los demás.

Hasta aquí, nada que no se haya dicho ya en las reseñas del premio, pero me gustaría añadir un apunte personal. Creo, y así lo he plasmado en otras entradas, que para ser emprendedor hay que tener "algo más", pero no es menos cierto que llegado un cierto punto, la clave para seguir creciendo y consolidar verdaderamente una empresa es saber dar el paso de la seriedad y la rigurosidad en la gestión empresarial, sin perder el espíritu y el empuje innovador, dos elementos que son todavía más vitales si cabe en tiempos de crísis.

Comentando el premio, me decía ayer Angel Luis Llorente, de Globales Informática, -quien fue el premiado en 2007- y presidente de la AJE segoviana, que siempre ha tenido la impresión de que en comparación, él era algo así como un buen gestor, mientras que Néstor era un empresario "de verdad". Conozco a Néstor desde antes que empezara su andadura empresarial y se ha distinguido siempre por tener las cualidades que conforman a un lider.
Tuvimos la ocasión de colaborar dentro del ambito del socorrismo, cuando las piscinas que gestionaba junto con Alberto Escribano fueron las mejor valoradas por la Escuela Segoviana de Socorrismo, y de tratarle después como proveedor y cliente desde otras empresas y siempre ha sabido lograr lo que quería, con energía pero con respeto, y tenido muy claro que un proveedor y un cliente son compañeros que andan juntos el camino durante un tiempo y que esa compañía mutua hace más fácil la andadura a las dos partes, si dejas aportar al otro su parte de valor añadido que enriquece tus propuestas.

Muy pronto tendrá entre manos otro reto y aventura que a buen seguro le tendrá, junto con Diana, bastante ocupado los próximos años. Sólo que esta vez, el pan ha llegado con algo de adelanto.
!Enhorabuena!.


Cómo cambiar pañales en Practicopedia

martes, 17 de noviembre de 2009

Estadísticas para pensar, o pensar en las estadísticas.


Llevo unos días reflexionando sobre las últimas estadísticas del Observatorio Socieconómico de Segovia porque los datos que periódicamente recopila el equipo que dirige Juan Antonio Folgado son de un inestimable valor y punto de partida imprescindible de cualquier análisis que se quiera realizar sobre la evolución de la economía y la sociedad segovianas; el trabajo del Observatorio y la calidad de sus datos han de tomarse con más cuidado y profundizar en su interpretación, que es al fin y al cabo lo que aporta valor.
Además de la repercusión de la encuesta sobre las necesidades formativas que ha dado lugar a tan llamativos titulares o de las estadísticas turísticas que indican que el negocio turístico se va manteniendo, hay algo que me impulsa a replantearme cómo estamos interpretando esos datos y que deberíamos pararnos a pensar con calma, -piénsalo dos veces, que decía mi maestro Don Jesús-, sobre qué indican realmente.
Que casi la mitad de los empresarios considere innecesarios los cursos de formación; que los empleados digan que no se ajustan a sus necesidades y horarios o, que a pesar del descenso de las visitas, el sector turístico crezca, pueden parecer datos inconexos, pero no es así, (del mismo modo que el número de visitas del Alcázar no es, a mi juicio, un indicador tan fiable como se suele tomar, quizá aporte el índice de nuevos visitantes, pero me pregunto: ¿cuantos provienen de grupos? o ¿cuántos repiten visita?). Cada una de estas estadísticas merece por sí misma un análisis exhaustivo que, una vez realizado, debe cotejarse y realimentarse con el del resto porque sólo en conjunto tendremos un panorama más o menos aproximado de la realidad de nuestra provincia y de cómo abordar el planteamiento de soluciones efectivas.
A primera vista parece que la risa va por barrios, es decir, mientras el panel de expertos dice que la situación se alivia un poco, el turismo parecer crear negocio y mientras los empresarios y los trabajadores parecen no tener mucho interés en la formación, todos los expertos abogan por incrementar la capacitación y la competitvidad empresarial a través de la formación y el talento. Si la empresa tiene interés, los centros de formación estarán, supongo, más que encantados de ajustar sus ofertas a las demandas del mercado.
¿No será que los datos nos indican que en Segovia faltan empresas y trabajadores con inquietudes por ser más competitivos?. ¿Que la situación de las empresas hace que no estén gestionando adecuadamente sus estrategias de posicionamiento para hacer frente a la crisis?.  ¿Que quienes gestionan la formación no son capaces de sintonizar con las necesidades reales de empresas y trabajadores en cuanto a los contenidos formativos y las estrategias (en oferta, horarios y modalidades) que permitan que sea efectiva?. ¿No estará ese odioso "conformismo segoviano" en la raíz de muchos de los problemas y en nuestra aparente falta de cuajo para casi todo?.
Ahora que tanto se habla de la web 2.0 y de la importancia de la participación de los usuarios, sería enriquecedor y seguramente aportaría perspectivas muy valiosas que hubiera un foro dónde se pudieran recoger opiniones al respecto de los trabajos del Observatorio. Sinceramente, me parece que intentamos aplicar recetas desfasadas para solucionar problemas que quizá no conozcamos tan a fondo como creemos, y que la única manera de hacerlos frente es mediante la el análisis, la creatividad y el aprovechamiento inteligente de la experiencia y el conocimiento mediante la innovación.

Franc Ponti plantea siete estrategias para innovar que pueden servirnos de guía y que resumidas son:
1 - Tener tiempo para pensar, y pensar rápido, lento y abundantemente.
2 - Pensar de manera diferente y ser alternativo con las ideas.
3 - Incorporar el talento humano para innovar y dialogar con los demás.
4 - Cambiar de perspectiva y aprender a pensar creativamente en equipo.
5 - Sentir y transmitir emociones para que las personas sientan experiencias diferentes a las habituales.
6 - Motivar a las personas, sentir pasión por el trabajo y disfrutar aprendiendo.
7 - Sumar energía, multiplicar esfuerzos y compartir conocimiento, trabajando en equipo por ideas innovadoras.

Si puedo aportar algo de experiencia a través de mis visitas a empresas, apunto que más veces de lo que desearía, tengo la impresión de que más que dinero, necesitamos tiempo. Tiempo para poder pensar cómo hacer ese dinero imprescindible; aprovechar al máximo los esfuerzos y plantear estrategias que nos permitan rentabilizar nuestras maltrechas economías incluyendo la formación y promoción del talento dentro de las empresas.